¿Y el paro agrario qué?

Muchas son las preguntas que se tejen en rededor del paro agrario, versiones informantes y desinformadoras de los medios de comunicación ilustran a medias una realidad que el campo colombiano ha atravesado por décadas.

Lo cierto es que este paro agrario está en marcha y muchas de sus reclamaciones reflejan una situación que se ha cultivado por años. Justo ahora varios factores confluyen para dejar las razones de la protesta social en su punto más alto: los altos precios de la gasolina y de los fletes, la revaluación del peso, el aumento de las importaciones de productos procesados fruto de la mala negociación en los términos de los tratados de libre comercio, la reducción de la demanda de algunos productos agrarios y la proliferación de intermediarios.

Los altos precios tienen a los campesinos en la crisis, sin embargo lejos estamos de alcanzar las medidas de subsidio y protección del sector agrícola, como otras naciones con las cuales negociamos el TLC, un campesino recibe menos del valor que gasta en su producción, sin embargo el consumidor final no percibe una disminución en el precio, todo se lo llevan las cadenas de intermediarios y la competencia se vuelve irrisoria, es más barato consumir productos hechos en Ecuador traídos de contrabando que en Boyacá.

En materia de importaciones solo por citar un ejemplo, el Dane, estableció que el país pasó de importar en 2006, 9.727 toneladas de leche y productos lácteos a 33.728 toneladas el año pasado, un desmandado aumento de las importaciones. 


Volviendo a las causas estructurales son múltiples las razones del paro, un estudio reciente, de Balcázar y Rodríguez, y citado por varios estudiosos del tema muestra que en Colombia los índices de concentración de la tierra son más elevados que en el resto del mundo, tanto así que: El Gini es de 0,86 cuando se mide por propietarios y de 0,84 cuando se controla por la calidad de la tierra. En el 2011 la distribución de la propiedad rural, ilustra un comportamiento que parece mantenerse en el 2013, el 69,7% de los predios, que son los que tienen menos de cinco hectáreas, poseían el 6,0% de la tierra, en contraste con predios de más de 200 hectáreas, que representan el 1% del total de los predios, pero concentran el 43,1% de la tierra.

El fracaso de los gobiernos en su intervención rural es evidente, por eso quienes en las manifestaciones pretenden culpar de manera exclusiva al Gobierno Santos excluyen de la responsabilidad a varios gobiernos antecesores que también fracasaron y condujeron al incremento de la crisis hoy manifiesta, la medalla de oro en este ejemplo se la lleva el tema de la restitución de tierras a los desplazados y las víctimas del conflicto. Los terrenos baldíos, hoy son apropiaciones de grandes multinacionales en lugares como el Catatumbo y Carimagua, nunca se ejerció control y las tierras colombianas han servido para pagar favores a élites políticas y económicas nacionales e internacionales.

Los campesinos colombianos sobreviven en medio de la pobreza, la violencia, la coerción y presión de los grupos armados al margen de la ley, la injusticia social, el deficiente acceso a servicios, el descuido estatal, y los TLC; con ese panorama es compresible parar, haciendo uso legítimo de la democracia para reclamar por la intervención del estado.

Queda explicita la incapacidad del gobierno nacional para mantener el diálogo social, no es adecuado menoscabar las expresiones populares que en este caso ha contado con otros sectores apoyando la causa campesina: la salud, los transportadores y la educación. ¿Cómo negar una crisis que es evidente en la calidad de vida de los campesinos y los colombianos?

Hoy por el paro tiene varias ciudades con riesgos en su seguridad alimentaria, altos precios en productos perecederos y algunos disturbios en diferentes lugares. Es inaceptable el uso de la violencia como medio para llamar la atención del Gobierno Nacional y desde luego inaceptable que grupos al margen de la ley con intereses particulares utilicen como excusa el paro agrario para infiltrarse y generar efectos nocivos para la movilización social. 

Protestar en válido, la violencia en ninguna manera.

Finalmente, lo que nos queda como reflexión final es que este tipo de protestas deben ser tenidas en cuenta pero para la construcción de política pública y soluciones estructurales para el sector agrícola colombiano, no pueden darse paliativos temporales que a un año hayan alargado la crisis y continuemos en las mismas condiciones con las riquezas incultivables o intransportables por las carreteras de país.

Buscamos y reclamamos calidad de vida, con inclusión y justicia para todos.

Elizabeth Bonilla
Investigadora

AXIOMA